Tweet

Érase una vez un ave herida, desorientada, su mirada destellaba tanta incertidumbre como el vibrante color de sus plumas lo hacía ante el sol de mediodía.

Se encontraba sobre un jardín que pertenecía a una niña, ella al encontrarla la tomó entre sus manos pensando que si la impulsaba lo suficiente, volaría y con toda la fuerza que tenía lo hizo sin que el ave pudiera detener el impacto contra una de las paredes que las rodeaban.

Preocupada aún más por el ave que, por desgracia, continuaba viva, intentó por segunda vez hacerla volar con alas rotas en dirección al cielo.

Y lo consiguió.

3 Comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s